Uno de los preceptos del maquillaje actual es el siguiente: si maquillo mucho los ojos, no debería maquillar demasiado los labios, para no parecer, en definitiva, un Pierrot.
La opción está, entonces, entre los ojos y los labios. Para esto hay que pensar qué nos conviene resaltar: si nuestros ojos son bellos, no dudemos en resaltarlos. Pero si lo bello reside en nuestros labios, ahí debemos poner toda nuestra atención.
Lo importante es no maquillarse en exceso, y esto hay que tenerlo bien en cuenta durante el día y la tarde, horas durante las cuales la luz natural pone de relieve las líneas de los ojos, los rubores, los labiales, las sombras y todo lo que nos hayamos puesto. En estos casos, es conveniente el look natural.
En cambio, a la noche sí nos podemos dar el gusto de lucir todo nuestro bagaje de pinceles y lápices. Sin perder nunca la premisa del equilibrio: o los labios o los ojos, pero nunca demasiado, ambos.

Sólo me quedan bien los marrones: Limitarse siempre a la misma paleta es como usar todos los días el mismo vestido. Se pueden probar los fucsiaas y rosas que llegan con fuerza primaveral.
Delinear los labios es una antigüedad: Falso. El delineador bien hecho enmarca los labios. Conviene delinear los labios con un lápiz del mismo tono del labial, o con un pincel, usando el mismo labial.
